Wednesday, June 27, 2007

Joaquín Lledó, el Burro del Maestro

El burro del maestro Por Joaquín Lledó

Hay un misterio dulce

Que viene de los burros y los dioses;

Hay un saber seco

Que viene de Dios y de los hombres”

Isabel Escudero

Por su badajo, campana de paganos ritos. Tozudo y terco, con el hocico ensimismado y el rabo tieso. Embelesado en las mieles que exudan las próximas encinas y, al mismo tiempo, enfurruñado en eterna polémica con tábanos y moscones. Por su natural y espectacular habilidad, señor de esas noches de verano que su estruendosa carcajada engalana y hace dionisiacas. Último de la clase y, por ello, cabalgadura de obispos y mesías. Puro y obsceno. Peluda y suave bestia de oro. Así es el burro del maestro.

 

Dicen que se lo regaló su amada que, mientras junto a la ventana cosía y cantaba, soñaba con metáforas de su amor. Dicen que la mirada melancólica de la bestia abandonada prendó a la niña y que fue ella quien al animal apalabró y compró. Dicen que lo hizo porque sí y porque no, es decir sin ninguna razón. Dicen… Pero lo que es seguro y cierto es que todos aquellos que hacen de la Eficacia ley pusieron su grito en el cielo y que allí se quedó. Justo es considerar que, al menos desde su punto de vista, no les faltaba razón. El trote de este burro solo es jacarandoso cuando a ningún lugar nos lleva e incluso, para ser más exactos, cuando a nada ni a nadie lleva. Y verle caminar bajo el peso de una carga o la obligación de una tarea es cosa tan lastimosa que hasta el más burro de nosotros puede comprender fácilmente que el trabajo es maldición y la fatiga tormento. Mas, como poseer cosas es nuestro principal sueño, y ser bestia que carga con nuestros enseres es aparentemente su condena, dialogar con este burro, intentando convencerle a base de zanahorias y halagos, o, más simplemente, intentando imponerle a golpe de vara nuestra voluntad, ha sido, desde el primer momento, nuestra principal ocupación. Pena perdida, pues, si bien es cierto que a veces conseguimos su obediencia, nunca, al menos hasta el día de hoy, hemos conseguido que entregara, tal como hacen los hombres, su corazón a la tarea, su alma a lo que llamamos razón. No hay nada que hacer. Rebelde, hinca las pezuñas en el suelo y, encrespándose, lanza a los vientos su rebuzno tan poderoso que hasta la más consistente de las ilusiones se desvanece… Y, siendo la última verdad de las cosas su medida, sólo queda visible aquello que nosotros soñamos sin lograr y que él, sin soñar, logra.

 

Nódulo central del quehacer lingüístico, el animal de Agustín García Calvo es una orquesta. Percusionan sus pezuñas ritmos esenciales y el pífano de su garganta y la epifanía de su aptitud  crean armonías que desvelan, ante el asombro de los sabios –y tanto en su piafar, como en su pifiar- el más íntimo y secreto tuétano de todo decir.

 

Y ello es lógico ya que estando, tanto usted como yo, atrapados en las trampas que nos tienden esas malignas entidades –Estado, Progreso, Futuro, etc,- que el maestro ataca con saña desde el inicio de su docente actividad, los asnos de la noria somos evidentemente nosotros y é, el burro de Agustín, es el único que, gozándose de su inutilidad y mientras mordisquea plantas aromáticas y se deja besar por las mariposas que revolotean en esas Navas que dicen del Marqués, responde a lo más esencial de las enseñanzas del maestro: decir, tozudo y terco, nones al mundo y a sus obras, y no ser otra cosa que prenda entre la amada y el amado, don del amor con piel de algodón y risa de sátiro lúbrico.

 

Por ello es perfectamente justo que sean coronados con sus hermosas orejas los más obstinados y rezagados de nosotros, porque, evidentemente, son ellos los que están más cerca de ese aprender que es en realidad, y tal como decían los magos de oriente, desaprender.

 

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Tuesday, June 26, 2007

Manuel Scorza en la memoria de los olvidos

UNO DE LOS CAPITULOS MÁS CRISTALINOS DE ESA MEMORIA DE OLVIDOS DEEBRÍA ESTAR ACAUDILLADA POR UNA DE LAS MÁS DESMEMORIADAS OMISIONES: LA DE UNO DE LOS GRANDES BARDOS Y NOVELISTAS QUE HA DADO PERÚ, MANUEL SCORZA TORRES.

La cultura pretende ser el recuerdo de la humanidad. Esto parece fuera de toda duda. Pero, a menudo, la historia de la cultura ‘destila cenicientas pepitas de olvido’ en palabras de Juan González Soto, escritor muy entendido en la obra de Manuel Scorza Torres.

Nace, Manuel Scorza, el 9 de septiembre de 1928 en Lima. En 1948, con 20 años, inicia su exilio, el primero de ellos, ya que luego ‘me exilió la vida’.

Su primer poemario

Su primer poemario Las imprecaciones (México 1955) son fruto del dolor en que se halla sumergido el exiliado.

EL DESTERRADO ( De Las Imprecaciones)

Cuando éramos niños

Y los padres nos negaban

Diez centavos de fulgor,

A nosotros nos gustaba

Desterrarnos a los parques

Para que vieran que hacíamos falta,

Y caminaran tras su corazón

Hasta volverse más humildes

Y pequeños que nosotros

¡Entonces era hermoso regresar!

Mas con el tiempo

Encallan de verdad los barcos de juguete;

Atravesamos túneles, deudas, años,

Y son las tres de la tarde,

Y no le sale el sol a la pobreza.

Un día, un impresor misterioso

Pone la palabra ‘trisetza’

En la primera plana de los periodicos,

Y caminando comprendemos

Que estamos en una cárcel de muros movedizos.

Y es imposible regresar.

En 1956, tras la dictadura de Odría, Scorza regresa al Perú y en 1960 lanza su segundo poemario: Los adioses. En 1961, el tercero: Desengaños del mago; en 1962 un poema eligíaco: Réquiem para un gentilhombre: elogio y despedida de Fernando Quispez Asín.

En estos años entra a militar en el Movimiento Comunal del Perú, una agrupación política  en defensa de los labriegos aborígenes. Va a salir un nuevo Scorza: el hombre interesado por los movimientos sociales. Los campesinos se sublevan.

Túpac Amaru

En estos años escribe el Canto a Túpac Amaru, poema épico del que su creador no queda enteramente satisfecho: ‘No estoy seguro de haber logrado dar la auténtica dimensión de Túpac Amaru’.

Son los años de composición del nuevo poemario –en el la congoja y violencia desatada empapan todas y cada una de sus estrofas- El vals de los reptiles. Considerada por muchos críticos su obra más trascendental.

Y es en estos años cuando se gesta el ciclo novelesco, que le proporcionará el aplauso internacional, La guerra silenciosa. Con la primera de las novelas del ciclo, Redoble de Rancas, Scorza se convierte en el novelista de las luchas campesinas del Perú. Esta novela se encuentras disponible en la Biblioteca Pública Municipal de las Navas.

MÚSICA LENTA (de Los adioses)

Para que tú entres,

a veces, de tristeza, el corazón se me abre.

Como una puerta tímida,

Para que tú entres, el corazón se me abre.

Pero tú no vienes,

No vuelas más sobre los campos.

En vano mi corazón

A la ventana de su dolor se asoma.

Pasas de largo,

Como si el viento

Soplase solo para allá.

Pasa la mañana y no viene la tarde,

Y el corazón se me cierra,

Como una mano sin nadie, el corazón se me cierra.

Derrotada la revuelta campesina en 1968, Manuel Scorza huye del país, en un nuevo destierro, prácticamente definitivo.

La segunda de las novelas del ciclo, Historia de Garabombo, el invisible, se publica en Barcelona en 1972. Su obra narrativa está llena de su peculiar disposición poética. El resto del ciclo La guerra silenciosa, lo componen: El jinete insomne (1977), Canto de Agapito Robles (1977) y La tumba del relámpago (1979)

A primeros de 1983 aparece la sexta y última novela, La danza inmóvil, que constituye una vía de ensayo en los ámbitos técnicos de la narrativa moderna.

Muerte

El día 28 de noviembre de 1983, muy de mañana, muere en un accidente aéreo en el aeropuerto de Barajas.

Nos ha dejado una rica labor poética que le sitúa en un puesto significativo entre los poetas peruanos y, por qué no, entre los de lengua castellana. Y deja, principalmente, La guerra silenciosa, un fresco narrativo que trasciende con mucho la mera reproducción histórica de las reclamaciones labriegas y mineras de los Andes centrales.

Terminamos este recordatorio haciendo nuestras las palabras del ya mentado más arriba Juan González Soto: ‘En esa probable historia de los olvidos de la cultura, en el apartado a este siglo, la figura de Manuel Scorza ocuparía todo un capítulo, un largo y emocionado capítulo. Si obra está a la espera de los lectores de hoy y del futuro’.

 

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Monday, June 18, 2007

Poetas africanos de expresión francesa

Nuredin ABA

La Tousaint des enigmes (poemas) Ediciones Presence Africaine, 1963

Montjoie Palestine! ou L’an dernier á Jerusalem (teatro) Ediciones P. J. Oswald (París) 1970

Yamal AMRANI

Le temoin. Ediciones Minuit (París) 1960

Soleil de notre mist. Ediciones Subervie (Prólogo de Henri Krea)

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Thursday, June 7, 2007

Luis Alberto de Cuenca

Luis Alberto de Cuenca* El bosque

El bosque me contó la vieja historia.

Dijo que hubo otro tiempo en que los hombres

se aventuraban entre su espesura

en busca del oráculo divino.

Pero nadie llegaba a ver el centro

de la selva, donde la pitonisa

resolvía las dudas de los fieles.

Porque no había centro, porque el bosque

era y es un inmenso laberinto

sin principio ni fin, y porque el orden

de las cosas excluye las respuestas.

Y es así como, ciegos e ignorantes,

nos dirigimos hacia el precipicio

de la nada, perdidos en el bosque

de la traición, el odio y la mentira.

Eso me dijo el bosque en un susurro,

mientras yo iba camino de Damasco.

Irlanda Por Edward, Lord  Dunsany, que cantara

las gestas de un caballo de madera

en cuento muy bello; por el libro

de Kells, iluminado por los ángeles;

por nuestra fe católica, basada

en la benevolencia de María

y no en la crueldad del dios hebreo;

por San Patricio, que te dio las cruces

de piedra que jalonan tus caminos;

por el héroe Cuchulainn y por Molly

Bloom, que lo atrajo hacia sus senos

y le dijo que sí, que lo quería,

en la última frase del Ulysses

yo te saludo, Irlanda, esta mañana

de septiembre en que todo está borroso

menos la geografía de tu isla,

desde donde me envías a la cárcel

un mensaje cargado de futuro.

POEMAS TOMADOS DE LA REVISTA, ‘CAMINAR CONOCIENDO’

Lisboa, 26 de septiembre de 1996 (*)Luis Alberto de Cuenca: poeta e investigador del CSIC;

Premio de la Crítica del 85

Ilustró los poemas: Úrsula Martín

 

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Joaquín Lledó, el Burro del Maestro

“Hay un misterio dulce /que viene de los burros y los dioses; /Hay un saber seco /Que viene de Dios y de los hombres” Isabel Escudero

Por su badajo, campana de paganos ritos. Tozudo y terco, con el hocico ensimismado y el rabo tieso. Embelesado en las mieles que exudan las próximas encinas y, al mismo tiempo, enfurruñado en eterna polémica con tábanos y moscones. Por su natural y espectacular habilidad, señor de esas noches de verano que su estruendosa carcajada engalana y hace dionisiacas. Último de la clase y, por ello, cabalgadura de obispos y mesías. Puro y obsceno. Peluda y suave bestia de oro. Así es el burro del maestro.

 

Dicen que se lo regaló su amada que, mientras junto a la ventana cosía y cantaba, soñaba con metáforas de su amor. Dicen que la mirada melancólica de la bestia abandonada prendó a la niña y que fue ella quien al animal apalabró y compró. Dicen que lo hizo porque sí y porque no, es decir sin ninguna razón. Dicen… Pero lo que es seguro y cierto es que todos aquellos que hacen de la Eficacia ley pusieron su grito en el cielo y que allí se quedó. Justo es considerar que, al menos desde su punto de vista, no les faltaba razón. El trote de este burro solo es jacarandoso cuando a ningún lugar nos lleva e incluso, para ser más exactos, cuando a nada ni a nadie lleva. Y verle caminar bajo el peso de una carga o la obligación de una tarea es cosa tan lastimosa que hasta el más burro de nosotros puede comprender fácilmente que el trabajo es maldición y la fatiga tormento. Mas, como poseer cosas es nuestro principal sueño, y ser bestia que carga con nuestros enseres es aparentemente su condena, dialogar con este burro, intentando convencerle a base de zanahorias y halagos, o, más simplemente, intentando imponerle a golpe de vara nuestra voluntad, ha sido, desde el primer momento, nuestra principal ocupación. Pena perdida, pues, si bien es cierto que a veces conseguimos su obediencia, nunca, al menos hasta el día de hoy, hemos conseguido que entregara, tal como hacen los hombres, su corazón a la tarea, su alma a lo que llamamos razón. No hay nada que hacer. Rebelde, hinca las pezuñas en el suelo y, encrespándose, lanza a los vientos su rebuzno tan poderoso que hasta la más consistente de las ilusiones se desvanece… Y, siendo la última verdad de las cosas su medida, sólo queda visible aquello que nosotros soñamos sin lograr y que él, sin soñar, logra.

 

Nódulo central del quehacer lingüístico, el animal de Agustín García Calvo es una orquesta. Percusionan sus pezuñas ritmos esenciales y el pífano de su garganta y la epifanía de su aptitud  crean armonías que desvelan, ante el asombro de los sabios –y tanto en su piafar, como en su pifiar- el más íntimo y secreto tuétano de todo decir.

 

Y ello es lógico ya que estando, tanto usted como yo, atrapados en las trampas que nos tienden esas malignas entidades –Estado, Progreso, Futuro, etc,- que el maestro ataca con saña desde el inicio de su docente actividad, los asnos de la noria somos evidentemente nosotros y é, el burro de Agustín, es el único que, gozándose de su inutilidad y mientras mordisquea plantas aromáticas y se deja besar por las mariposas que revolotean en esas Navas que dicen del Marqués, responde a lo más esencial de las enseñanzas del maestro: decir, tozudo y terco, nones al mundo y a sus obras, y no ser otra cosa que prenda entre la amada y el amado, don del amor con piel de algodón y risa de sátiro lúbrico.

 

Por ello es perfectamente justo que sean coronados con sus hermosas orejas los más obstinados y rezagados de nosotros, porque, evidentemente, son ellos los que están más cerca de ese aprender que es en realidad, y tal como decían los magos de oriente, desaprender.

 

 

Posted by María Pita in 12:37:17 | Permalink | No Comments »

Carlos del Valle, el Mostrador de los Turbados

 Lejana está ya aquella tarde, cuando en un rincón silencioso y callado de la Biblioteca Nacional , palpaba entre mis manos trémulas aquel viejo manuscrito, curtido en generaciones y centurias, y, lleno de gozo, recreaba mis ojos en la bella escritura gótica tardía, a doble columna, y me deleitaba en las filigranas, a colores, de las primeras páginas. Qué inmenso privilegio, pensaba, tener ante mi aquella preciada joya literaria. El Mostrador de los Turbados, de R. Moisés de Egipto el cordobés, o, como él mismo se llamaba, Moisés, hijo de Maimón, el español (1138-1204), en la primera traducción castellana realizada con esmero y competencia, en un paciente trabajo de varios decenios, por Pedro de Toledo. Cierto que desde Pedro de Toledo, ‘El Enseñador de los Turbados’ al que ahora llamamos generalmente ‘ La Guía de Perplejos’, ha sido traducida en la mayor parte de las lenguas cultas y al castellano se cuentan ya dos traducciones más completas y otras dos parciales. Pero la traducció0n de Pedro de Toledo tiene un encanto que no tienen ni tendrán las otras. Aparte del recio castellano viejo y rancio, inimitable e inigualable, Pedro de Toledo vivía en un medio donde aquellos conceptos filosóficos y divinos eran habituales y de ahí el dominio que muestra en su versión castellana.

 

Así, ahora, se comprenderá la grata sorpresa cuando tuve noticia de que por fin la vieja versión castellana del Mostrador había sido publicada en edición facsímil por Antonio J. Escudero Ríos. El gozo fue inmenso cuando logré tener un ejemplar de la obra, en su grandioso formato original y rememoré aquella emoción primera. Después conocí al editor y entendí cómo se había realizado aquella hazaña, por una especie de fervor que arde en el interior de Antonio J. Escudero, que le religa a su tierra extremeña, en donde hizo la versión Pedro de Toledo.

 

En la Biblioteca Nacional , en otras muchas bibliotecas, existen tantísimos otros manuscritos, con obras preciosas y preciadas, se apilan en anaqueles polvorientos ediciones raras de libros, todos casi inaccesibles o de muy difícil acceso, que están esperando esa acción redentora de un nuevo editor, de ese mismo cariño como el que ha tenido Antonio J. Escudero Ríos con el Mostrador de los Turbados de Moisés ben Maimón, el español, (el llamado por los cristianos Maimónides)

 

Seguro que continuará existiendo hoy más de un turbado, de un dubitante, indeciso, zozobrante, perplejo, entre lo que dice la ciencia y manifiesta la razón y lo que predica la religión. A los tales les vendrá de provecho releer con atención lo que Maimónides le decía a finales del siglo XII a sus titubeantes contemporáneos, en esta vieja versión castellana de La Guía de los Perplejos. Maimónides. Edición Facsímil de Antonio J. Escudero Rías (Madrid, 1990)

 

(*) El autor hace referencia a la ‘Guía de Perplejos’, libro del insigne médico cordobés Maimónides y a la versión romanzada de Pedro de Toledo que, en edición facsímil, ha publicado nuestro entrañable amigo Antonio Escudero, con la que, en su opinión, ha puesto sólo un granito de recuerdo ante el enorme legado cultural de los judíos españoles, y, de paso, rememorar y condenar su injusta expulsión de España. Desde esta página, nosotros también recordadmos y abominamos de aquella obligada diáspora, sin olvidar y por ende condenar, exilios o expulsiones, que otros pueblos. En el pasado o en el presente, sufrieron o sufren.

 

APARECIDO EN LA PÁGINA 36 DE ‘CAMINAR CONOCIENDO’, Nº 2

 

Posted by María Pita in 12:32:46 | Permalink | No Comments »